Espacios exteriores de la Universidad Laboral de Tarragona

Antoni Pujol Sevil, Antonio de la Vega Martínez, Josep Maria Monravà López, Luís Peral Buesa, Manuel Sierra Nava

1951 - 1956

Tarragona, Tarragona, España

Denominación actual: Espacios exteriores del Campus Educatiu de Tarragona

Denominación actual: Espacios exteriores del Campus Educatiu de Tarragona

Autoría: Antoni Pujol Sevil Antonio de la Vega Martínez Josep Maria Monravà López Luís Peral Buesa Manuel Sierra Nava

Fechas 1951 1956

Colaboradores y detalle autoría:
Antonio de la Vega (comedor y residencias), Manuel Sierra Nava (talleres) y Luis Peral Buesa (escuela y urbanización del conjunto). Antonio Pujol Sevil (arquitecto dirección de obra), José María Monravà López (arquitecto paisajista), Eduardo Torroja (autor de la cubierta cocina) Rubio Camín, Nestor Basterretxea y Ruiz Balerdi (artistas)

Localización: Tarragona Tarragona Cataluña España

Dirección: Camí Canonges 2, Les Pinedes - 43006, Tarragona (Tarragona) España

Memoria

La Universidad Laboral de Tarragona, como otras construidas en aquellos años, tuvo su origen en el interés del entonces ministro de Trabajo ─José Antonio Girón de Velasco─ de crear “gigantescas universidades donde se formen, además de obreros técnicamente mejores, hombres de arriba abajo”. La primera de estas fue la Universidad de Gijón (1946-1956) que inició sus actividades en 1955. Un año después, fueron inauguradas simultáneamente tres nuevas Universidades Laborales: Sevilla, Córdoba y Tarragona. Formuladas en ese momento de recuperación de la modernidad en nuestro país, la Universidad Laboral de Tarragona, junto a las de Sevilla y Córdoba, representaron un primer intento de aceptación de “la modernidad” por parte de la oficialidad, manifestando un cambio en los gustos y usos estéticos.

El 8 de enero de 1952, el ministro Girón de Velasco, en un mensaje radiofónico, anunciaba que el Gobierno había acordado la construcción de la primera Universidad Laboral del nordeste ibérico en Tarragona. Los terrenos de 346 hectáreas, ofrecidos por el ayuntamiento de Tarragona, estaban situados en una antigua finca conocida con el nombre de La Pineda, a 5 km al oeste de la ciudad. Si comparamos las dimensiones del solar donde se emplazó este conjunto con la extensión de Tarragona en aquellos años, podemos entender la importancia que supuso esta obra para el crecimiento y desarrollo de una ciudad con apenas cuarenta mil habitantes.

Los autores de la Universidad de Tarragona ─bautizada como Universidad Laboral Francisco Franco─ fueron los arquitectos madrileños Antonio de la Vega (1902-1987), Manuel Sierra Nava (1923-2007) y Luis Peral Buesa (1921-2014) que, en 1950, recibieron el encargo del Ministerio de Trabajo de realizar conjuntamente el proyecto, sin que anteriormente hubiesen trabajo juntos. A este equipo inicial se unirían poco después los arquitectos locales Antonio Pujol Sevil (1902-2001), que se haría cargo de la dirección de obras, y José María Monravà López (1905-1999), que se ocuparía del paisajismo y jardinería del conjunto.

A causa de la rapidez con la que debía ser abordado, el proyecto fue repartido entre los diferentes arquitectos: Antonio de la Vega proyectó el comedor y las residencias, Manuel Sierra Nava los talleres, y Luis Peral, la escuela y la urbanización del conjunto. Concebida en su organización como una verdadera ciudad, la idea motriz del proyecto era evitar el edificio compacto en el que las actividades se organizasen por plantas, buscando expresamente que sus habitantes (los alumnos) tuvieran que pasear para ir de un sitio a otro. En palabras del arquitecto Luis Peral Buesa: “Queríamos que los alumnos salieran, que para comer tuvieran que darse un paseo, para ir a las clases, un paseo, para ir a los talleres, otro paseo. Por eso había unos pasos muy cuidados, porque la idea era poder ir a todas las partes a cubierto”. Podemos decir que el conjunto presenta una gran unidad formal debido, principalmente, al tratamiento de los recorridos peatonales y las zonas ajardinadas que ligan físicamente todo el conjunto de edificaciones.

El acceso a la Universidad de Tarragona se realiza a través de una plaza ─una especie de patio de honor─ que estaba vinculada al atrio de la iglesia y se comunica transversalmente con una calle que conduce a la zona deportiva. Esta plaza de ingreso es un tanto peculiar, pues no permite un acceso directo a la avenida principal, obligándonos a realizar una maniobra para encararla definitivamente. Después de cruzar estos espacios abiertos y enlazados, aparece la avenida que conecta tangencialmente con la gran plaza central. Presidida por el imponente edificio del comedor, la plaza es, sin duda, el vacío principal que ordena todo el proyecto.

Dentro de este conjunto sobresalen tres zonas bien diferenciadas que, además, coinciden con aquellas en la que los arquitectos del proyecto se habían repartido sus responsabilidades: la zona de residencias y comedor (unidas entre sí por zonas ajardinadas), la zona de escuela y una tercera formada por los talleres (alejados del centro) que, junto a la magnífica plaza de mármol, ofrecen una fuerte impresión de conjunto organizado y ordenado. La zona residencial se distribuyó en seis bloques en forma de L que organizan espacios ajardinados en la planta baja de cada edificio. Construidos con estructura metálica y resueltos con un único pórtico de 15 metros de luz, los edificios están formados por tres plantas piso de dormitorios, con servicios comunes y salas de estudio en las plantas bajas. Por su parte, el grupo escolar ocupa una posición destacada dentro de la Universidad Laboral, siendo la responsable de cerrar la gran plaza en la fachada opuesta al emblemático edificio del comedor. Con un esquema muy simple, en forma de peine, la composición se basa en el contraste entre el edificio longitudinal, formado por las aulas especiales ─de más altura que el cuerpo común─ y los brazos que surgen transversalmente en dirección al mar, donde se sitúan las aulas teóricas. Estas quedan separadas entre sí por jardines compartimentados mediante setos, de tal manera que cada aula posee el equivalente en superficie exterior para poder hacer clase al aire libre.

La jardinería se estudió de modo que ayudase y completase a la arquitectura y la urbanización. Para ello, se eligieron árboles crecidos de forma que en un plazo breve se pudiese ver el jardín terminado, dando a la vegetación autóctona (algarrobos, encinas y olivos) un papel protagonista en la definición del conjunto. Según apareció publicado en número 180 de la Revista Nacional de Arquitectura, la plantación de los jardines, parques y espacios exteriores de la Universidad Laboral de Tarragona “se presentó como problema arduo y difícil a principios del mes de abril de 1956. Dificultades nacidas de la naturaleza del terreno, de su falta de agua por aquel entonces, de la carestía de Plantas disponibles en viveros a consecuencia de las fuertes heladas de febrero de ese mismo año; dificultades también originadas por lo avanzado de la estación cuando el concurso se falló. La empresa adjudicataria, CUBIERTAS Y TEJADOS SA., plantó en mes y medio 1806 árboles de hoja caduca, 450 pinos halepensis de 3 a 3,50 metros de altura y 75 palmeras, además de numerosos setos y plantaciones secundarias”.

En cuanto a las instalaciones deportivas, cabe señalar que estaban formadas por tres campos de futbol, cuatro de voleibol, cinco de hockey-baloncesto-balonmano, una pista de atletismo, un pabellón cubierto y varios campos de entrenamiento. Unas instalaciones espléndidas situadas en una gran explanada cercana al mar, rodeadas de paseos y arboledas. Muy cerca, al final de los campos de deportes, surgía el paseo marítimo, con su playa abriéndose al mar y a la naturaleza.

La Universidad Laboral de Tarragona ─actualmente en un estado de degradación inaceptable e imparable─ fue inaugurada prematuramente el 8 de noviembre de 1956, quedando incompleta desde el punto de vista del proyecto original. Su configuración, tal y como la conocemos hoy, no alcanza a ser ni la mitad del total proyectado. Muchas de las zonas ajardinadas y edificios concebidos por los autores del proyecto nunca llegarían a completarse. Ni se acabaron las ambiciosas dotaciones deportivas ni alguno de los edificios más emblemáticos como la iglesia o el teatro, este último realizado posteriormente por el arquitecto Antonio Pujol.  A pesar de todo, podemos decir que estamos ante una obra que destaca sobre todo por su valor de conjunto. Un conjunto del cual forman parte esencial sus jardines y espacios exteriores, poniendo de manifiesto un momento especialmente significativo y fecundo en la recuperación de la arquitectura moderna española de la segunda mitad del siglo XX.

Jordi Guerrero Fernández

Vegetación

Algarrobos, encinas y olivos, árboles de hoja caduca, pinos halepensis y palmeras

Uso original: Uso espacio exteriorEspacio de uso comunitario

Reportaje fotográfico:

Categoría: Nivel A

Registro: Jardines y espacios exteriores

Protección:
Bien cultural de interés local (BCIL) - DOGC 05/07/2013 no logged Más información

Bibliografía:

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