
Todos a la ciudad. La respuesta de la arquitectura y el urbanismo modernos al gran cambio demográfico de la España del s. XX
En la segunda mitad del siglo XX, la recuperación económica marcada por políticas desarrollistas produjo el crecimiento poblacional más elevado de su historia: en tan solo 15 años, entre 1960 y 1975 creció de 30,4 a 35,8 millones de habitantes. Este fenómeno se debió a la conjunción de una serie de circunstancias políticas, económicas y sociales que tuvieron una evidente repercusión urbana.
Aunque los cambios en España comienzan en la década de 1950,1 suele tomarse como punto de inflexión para este proceso el año 1959, fecha del Plan de Estabilización que dio lugar a una nueva política económica marcada por la liberalización del comercio exterior, la entrada de capital extranjero y, en general, la incorporación de la economía nacional en su contexto internacional. Entre 1961 y 1973, el incremento de renta nacional anual se sitúa por encima del 9 %, una cifra récord que se concentra, sin embargo, en ciertas ciudades y provincias.
La evolución demográfica presenta, igualmente, una enorme desigualdad interprovincial: mientras que ciertos territorios principalmente en el interior, se despuebla (una media de 400.000 personas se desplazaron dentro del país cada año entre 1961 y 1974), otros (las principales ciudades y los ámbitos litorales) crecen debido tanto a la inmigración interior como al crecimiento vegetativo, derivado del incremento de la natalidad ─el llamado baby boom─ junto a un considerable aumento de la esperanza de vida al nacer.
Estos movimientos poblacionales estuvieron condicionados por un cambio en la estructura productiva y en el empleo del país: partiendo de una base fundamentalmente agrícola, se favorecieron los procesos de industrialización en algunos puntos, así como la llegada del turismo en otros y, en todos los ámbitos urbanos, la terciarización. Las ciudades se convirtieron así en fuentes de mayor y mejor empleo, así como lugares con más oportunidades socioculturales, educativas y de servicios públicos.
El consecuente crecimiento del tejido urbano residencial dio lugar, a su vez, a importantes novedades técnicas: leyes y planes estatales, grandes revisiones de los instrumentos de planeamiento y fuertes herramientas de transformación y generación de un parque residencial de periferia2 que supusieron una profunda reflexión sobre los modos de habitar y la definitiva llegada a la vida cotidiana de la ciudadanía de los preceptos de la arquitectura moderna internacional.
De aquellos vientos, esta brisa. La llegada de la modernidad y su influencia en la arquitectura habitacional urbana española
Si hubiese que elegir un tema o una tipología arquitectónica clave, que centrase el debate en los inicios de la arquitectura moderna en el ámbito internacional, ese sería, sin duda, el de la vivienda colectiva. Un claro ejemplo de ello son los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna; mientras que el II CIAM, celebrado en Frankfurt en 1929, se ocupó de la vivienda mínima, el V, en París en 1937, lo hizo sobre la vivienda y el ocio, mientras que el IX, en Aix-en-Provence, produjo la Carta de habitación o el X, en Dubrovnik, la reflexión sobre el hábitat del Team X. Documentos como la Carta de Atenas, resultado del IV CIAM en el viaje Marsella-Atenas-Marsella, tuvieron el urbanismo residencial como una de sus cuestiones vertebrales.
La arquitectura habitacional urbana se convirtió así en el verdadero laboratorio de ideas de la nueva arquitectura: desde los experimentos en las colonias o Siedlungen de la Alemania de entreguerras,3 que recogieron verdaderos ejemplos del urbanismo de la primera modernidad en barriadas periféricas en Frankfurt, Berlín o Hamburgo hasta experimentos más recientes como la Interbau de 1957, centrada en la reconstrucción del barrio Hansa, que se convirtió en un símbolo de la regeneración basada en la arquitectura de un Berlín occidental desolado. Los preceptos de la modernidad se convirtieron en un sistema cuidadosamente modulado, medido y diseñado para abarcar cualquier aspecto y cualquier escala del habitar: desde los objetos domésticos, con raíces académicas como la Bauhaus o la escuela de Ulm, hasta la ordenación del territorio, con el desarrollo de las ciudades lineales o la propuesta de las 7 vías de Le Corbusier, pasando por numerosos ensayos tipológicos de vivienda colectiva o grandes ejemplos de planes urbanos.

Página 34 del Berliner Stadtadressbuch, 1957, sobre Hansaviertel. Fuente: Zentral- und Landesbibliothek Berlin, bajo Licencia CC.
En España, la puesta en práctica de estas corrientes tuvo un inicio tardío y discreto. La reconstrucción de la posguerra no fue inmediata, sino que es a partir de la década de 1950, y especialmente en la segunda mitad de la década cuando se inicia una renovación generalizada de la vivienda colectiva.4 Hasta ese momento, la mayoría de los ejemplos de la introducción de estas arquitecturas en la vivienda colectiva española se da en ejemplos aislados, en suelo urbano consolidado o primeros ensanches, en los que se ensayan tipologías, volúmenes y tratamientos que, paulatinamente, integrarían en el paisaje urbano nacional las ideas de la modernidad.
En el ámbito público, la creación de grandes conjuntos de viviendas estuvo liderada por el Instituto Nacional de Vivienda, que existió entre 1939 y 1980, junto con otra serie de organismos públicos o benéficos: los patronatos municipales, la iglesia, la Obra Sindical del Hogar, el Patronato de Casas Militares o la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, entre otros. A partir de 1949, con la celebración de la V Asamblea Nacional de Arquitectos, y hasta 1959, con el Plan de Estabilización, comenzaron a gestarse barriadas que supondrán la entrada en España de la arquitectura moderna, mientras que se buscaba solucionar el problema de las grandes cantidades de familias en hábitat informal y chabolista a las afueras de las principales ciudades. Esto supondrá la participación de notables arquitectos nutridos de referencias internacionales y de una indudable capacidad técnica.5

Obra del Hogar Nacional – Sindicalista en Valladolid. Jesús Carrasco-Muñoz Pérez de Isla, 1937. Fuente: Antonio Vázquez Sotelo/Fundación Docomomo Ibérico
Los barrios del Congreso Eucarístico en Barcelona, los poblados de absorción, dirigidos6 o mínimos de Madrid, el certamen de vivienda experimental que da lugar a la Colonia Puerta Bonita en Madrid o el concurso de viviendas experimentales de 1956 son buenos ejemplos en los que se busca no solamente el abaratamiento y la rapidez de ejecución de viviendas sociales, sino que se abre la vía a nuevas posibilidades como el uso de prefabricados, la industrialización, la autoconstrucción dirigida, la estandarización o la vivienda mínima.

Viviendas de Miguel Fisac en Colonia Puerta Bonita, Madrid. Fuente: Luis Argüelles / Fundación Docomomo Ibérico
Tras la creación del Ministerio de la Vivienda, a partir de la Ley del Suelo de 1957, también la promoción pública participó en la creación de nuevos ámbitos residenciales urbanos: se crearon constructoras y cooperativas orientadas a la generación de vivienda asequible para la clase trabajadora, mientras que los proyectos públicos y benéficos continúan desarrollándose. El fenómeno se generaliza ya en la década de 1960, con los preceptos modernos completamente asumidos tanto en el diseño de viviendas como en la planificación urbana. Se producen así ejemplos de arquitecturas arriesgadas y audaces, no exclusivamente sociales, convertidas en símbolos del nuevo urbanismo y responsables del mayor crecimiento periférico urbano de la historia de España.
El lugar como premisa. La generación del espacio urbano en contextos distales
La nueva actividad edificatoria suponía, en la gran mayoría de los casos, establecer grandes conjuntos residenciales en contextos alejados del tejido urbano existente. Los equipos y arquitectos encargados de las distintas actuaciones, que por lo general aunaban planificación, diseño urbano y proyecto arquitectónico, enfrentaron la difícil tarea de crear ciudad donde apenas existían preexistencias. Para ello, recurrieron a estrategias dispares. Como cuestión fundamental, y siguiendo los preceptos de la arquitectura moderna internacional de la que bebían, los proyectos atendieron cuidadosamente a cuestiones como el soleamiento o la ventilación en las viviendas, lo que condicionaba decisiones no solo tipológicas sino, fundamentalmente, de implantación, ordenación y relación entre edificaciones y espacios vacíos.
En muchos casos, se centraron en generar un ecosistema residencial propio, reduciendo las condiciones de borde a dos cuestiones básicas: conectividad y vistas. En el Poblado Dirigido de Canillas, Luis Cubillo abraza con su trazado urbano el Poblado de Absorción ya planificado, de menor entidad, y ordena cuidadosamente en bandas la tipología edificatoria: al norte, junto a la carretera, las torres de doce plantas a modo de barrera y la iglesia; en el centro, los bloques, de cuatro y los equipamientos; mientras que, al sur y al este, en contacto con el entorno natural, las unifamiliares de dos alturas. Los espacios intermedios se proyectan con escala de barrio: se huye de las vías rectilíneas y se eliminan los cruces para reducir la velocidad del vehículo, mientras que se dispone un detallado plan de especies vegetales para los jardines entre viviendas.

Poblado Dirigido de Canillas, Planta del trazado urbano. Luis Cubillo de Arteaga, 1956. Fuente: Archivo Servicio Histórico COAM.
En otras ocasiones, la arquitectura suple la ausencia de referencias territoriales al erigirse como hito urbano. En Estrelles Altes, Bonet Castellana desarrolla un conjunto residencial en altura en un cruce de caminos en el suroeste barcelonés, contribuyendo a la expansión de la ciudad en el paisaje de transición entre el tejido industrial y el agrícola. El proyecto propone la creación de un nuevo referente visual mediante la disposición de torres de planta cruciforme que se alternan, en perfecta disposición geométrica y siguiendo una pauta de damero, con espacios de menor altura donde se concentra la actividad comunitaria y comercial. Frente a la rotundidad geométrica, el uso del ladrillo visto con un aparejo que le aporta textura, junto a los parapetos de terrazas y frentes encalados, sugiere un acercamiento material a la cultura arquitectónica local.

Conjunto Estrelles Altes, Barcelona. Antonio Bonet Castellana, 1965-1972. Fuente: Bea Schulze/Fundación Docomomo Ibérico
Un hogar en la periferia. Barriadas como estrategias de construcción social ante el desarraigo
El éxodo rural de la segunda mitad del siglo XX español no solo supuso el desplazamiento de millones de personas: las familias trasladaron, además, su cultura, sus formas de vida y su manera de entender del espacio doméstico, que tuvieron que reacomodar en espacios completamente ajenos, concebidos bajo parámetros que buscaban una mejora en la habitabilidad y salubridad, pero también el abaratamiento, la densidad y la velocidad de diseño y ejecución. Aunque los proyectos no siempre se ejecutaron al completo, lo que generó situaciones de aislamiento y desolación, especialmente para los colectivos más vulnerables,7 las propuestas trataban de atender a esta cuestión, fundamentalmente, desde la planificación urbana: se creaban espacios comunitarios, se proporcionaban equipamientos de barrio, se cuidaba y jerarquizaba el trazado viario, se elaboraban proyectos de paisajismo en el espacio público y se ordenaba la edificación atendiendo, por lo general, a una necesaria escala humana ante la falta de referentes personales de la arquitectura seriada.
La propia arquitectura residencial colectiva respondió también a esta cuestión, dotando lugares para la convivencia vecinal incluso bajo las condiciones más precarias: en la Unidad Vecinal de Absorción de Hortaleza, las viviendas, diseñadas como una solución de alojamiento temporal para familias de asentamientos chabolistas ─que terminaron convirtiéndose en definitivas─, los bloques se disponen en pares de hileras que encierran un patio central y se rodean de galerías de gran anchura, a modo de terrazas, para su acceso, en asimilación a las corralas del hábitat tradicional madrileño.

Niños jugando entre los bloques de viviendas, con detalle de las galerías perimetrales y el espacio interior, en la Unidad Vecinal de Absorción de Hortaleza, Madrid. Antonio Miró Valverde, Arturo Weber Crespo, Fernando Higueras Díaz, Francisco Cabrera Carral y Luis Crespi González, 1963. Fuente: Fundación Docomomo Ibérico.
Este tipo de soluciones no es exclusivo de los ámbitos periféricos urbanos, sino que llegan a convertirse en auténticos hilos discursivos de proyecto. En las viviendas de la calle Taray de Segovia, situadas junto al núcleo monumental y junto a una ladera natural, la diversidad volumétrica y de alturas se complementa con la disposición de una serie de galerías que, horadadas en el plano interior de las piezas residenciales que rodean la manzana, o pendiendo sobre el vacío en forma de pasarelas metálicas, recorren todo el conjunto en un sistema tridimensional y recrean en altura la complejidad del callejero histórico y proporcionan pequeños espacios abiertos de uso exclusivo de las viviendas, corredores de relación vecinal y un jardín interior al que se asocia una pequeña escuela infantil. El uso del color en el hormigón, la mampostería de piedra o los tejados cerámicos deja patente el esfuerzo de asimilación a la forma de construcción como cultura local.

Jardín interior de la Unidad Vecinal para la Cooperativa Pío XX en Segovia (calle Taray). Antonio Viloria García, José Joaquín Aracil Bellod y Luis Miquel Suárez-Inclán, 1962 – 1967. Fuente: José Hevia / Fundación Docomomo Ibérico.
La mirada en el futuro. Emergencias y oportunidades en las barriadas de la modernidad española
A pesar del tiempo transcurrido, las barriadas modernas mantienen un papel protagonista en el panorama urbano español por diversos motivos. En primer lugar, continúan conformando ámbitos muy significativos en el suelo urbano de muchas de aquellas ciudades que se convirtieron en grandes centros de atracción de población entre las décadas de 1950 y 1970. Han pasado a formar parte del paisaje urbano cotidiano y depositarias de la memoria colectiva. Han albergado las vidas de tres y hasta cuatro generaciones, con grados dispares de alteración, pero manteniendo, en esencia, sus características tipológicas, materiales, funcionales y, muy especialmente, urbanas.
Por otra parte, el reconocimiento de sus valores espaciales, materiales, territoriales, sociales e incluso documentales ha llevado a estos conjuntos a experimentar un proceso de patrimonialización que, en ocasiones, ha chocado con una baja apreciación de parte de la sociedad8 por la falta de asunción de sus características formales o por estar vinculados a procesos históricos dolorosos, portadores de un matiz peyorativo en su caracterización popular. Sin embargo, recientemente están siendo objeto de un reconocimiento renovado, pasando a ostentar protección cultural y urbanística9 y, en muchos casos, convirtiéndose en objeto de reflexión para la mejora de los criterios de intervención, tratando de superar las barreras legales, económicas, sociales y culturales.10 No es casualidad que el segundo de los registros temáticos de la Fundación Docomomo Ibérico estuviese dedicado a la vivienda moderna entre 1925 y 1965,11 o que el número tres de la Revista de Arquitecturas Modernas lleve por título “del bloque al barrio”. En efecto, el primer paso para la reconsideración contemporánea de estas arquitecturas pasa por su identificación, documentación y difusión consecuente.
Otros impulsos al posicionamiento de las barriadas modernas en el panorama actual han venido desde la investigación promovida por entidades científicas y académicas. Buenos ejemplos son los proyectos sobre la Barriada del Carmen de Sevilla12 (Luis Recaséns, 1955-1958) o sobre el Grupo Virgen del Carmen de Valencia (GO-DB, 1958-1962). Los esfuerzos han ido encaminados a la generación de metodologías para un posicionamiento actual respecto a los conjuntos arquitectónicos y urbanos, centrándose en el conocimiento experto y la búsqueda de soluciones técnicas para su actualización, pero, también, en la incorporación de la ciudadanía en el proceso de identificación de valores y toma de decisiones de cara al futuro.

Colocación de la placa informativa de Docomomo Ibérico en la barriada del Carmen de Sevilla, con autoridades y miembros del proyecto de investigación _re-HABITAR, junto a los vecinos. Fuente: Archivo IAPH.
Desde el ámbito técnico, profesional y por parte de las administraciones competentes, se han dado casos notables que han probado que otra manera de intervenir sobre las barriadas modernas es posible, como es el caso de la rehabilitación de la Ciudad de los Ángeles de Secundino Zuazo (1956-1961), donde se ha contado con la participación de colectivos locales,13 o en el trabajo encargado por el Ministerio de Movilidad, Transportes y Agenda Urbana para la identificación de estrategias que logren adaptar estas arquitecturas, en la medida de lo posible, a las exigencias del Código Técnico de la Edificación.14 y 15
En el presente contexto de crisis climática, energética y social, cabe destacar la oportunidad de trabajar sobre las barriadas modernas para la mejora de la calidad de vida de sus muchos actuales y futuros habitantes. Las intervenciones habrán de ser sensibles y consensuadas, con administraciones públicas implicadas en un diálogo fluido con técnicos y ciudadanía. Las actuaciones deberán atender a la integralidad y transdisciplinariedad, atendiendo a la correcta documentación y valorización, la adaptación espacial y tipológica, la actualización de las condiciones de habitabilidad y confort, la recuperación de los espacios de sociabilidad y la adecuación de espacios públicos verdes, íntimos, diversos, seguros y amables.12
Este artículo se ha elaborado en vinculación al proyecto “Incorporación del estudiantado de arquitectura a la difusión, documentación y tutela de la arquitectura y el urbanismo del movimiento moderno mediante la metodología de aprendizaje-servicio con la Fundación Docomomo Ibérico”, IV Plan Propio de Docencia de la Universidad de Sevilla, Ref. 221, Mod. B, ID 2590, sin que se haya producido una financiación expresa de este trabajo.
Notas
1 RODRÍGUEZ OSUNA, Jacinto, “Distribución espacial de la población y desarroleconómico en España”, en Revista Española De Investigaciones Sociológicas 4, 1978, págs. 103–127.
2 NAVAS CARRILLO, Daniel, OSTOS PRIETO, Javier, RODRÍGUEZ LORA, Juan Andrés, “Housing policy in Spain between 1939 and 1976. The residential phenomenon as a catalyst for urban growth”, en International Humanities Review 18 (2), 2023, págs. 1-17.
3 SAINZ GUERRA, José Luis, coord., Las Siedlungen alemanas de los años 20. Frankfurt, Berlín, Hamburgo, Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla y León Este, Valladolid, 1995.
4 SANZ ALARCÓN, Juan Pedro, “Contextualización del origen de la vivienda social moderna española”, en P+C, proyecto y ciudad. Revista de temas de arquitectura, vol. 2, Universidad Politécnica de Cartagena, Área de Proyectos Arquitectónicos, Cartagena, 2011, págs. 93-104.
5 SAMBRICIO RIVERA ECHEGARAY, Carlos, ed., Un siglo de vivienda social. 1903-2003, Ministerio de Fomento, Ayuntamiento de Madrid-EMV y Consejo Económico y Social, Madrid, 2003.
6 ESTEBAN MALUENDA, Ana, “La vivienda social española en la década de los 50: Un paseo por los poblados dirigidos de Madrid”, en VPOR2 Revista de vivienda 7, 2009, págs. 18-23.
7 GALLEGOS RODRÍGUEZ, Reyes, Ellas en la ciudad [película documental], Las Afueras Producciones, 2025.
8 DÍEZ MEDINA, Carmen, MONCLÚS, Javier, La ciudad de bloques. Reflexiones retrospectivas y prospectivas sobre los polígonos de vivienda “modernos”, Abada editores, Madrid, 2020.
9 PÉREZ-CANO, María Teresa, NAVAS-CARRILLO, Daniel, MOSQUERA-ADELL, Eduardo, “Formas urbanas patrimoniales: la modernidad sostenible. La configuración del tejido urbano residencial del siglo XX en Andalucía en un contexto internacional”, en Ciudad y Territorio Estudios Territoriales 54(M), 2022, págs. 131–154.
10 RUBIO DEL VAL, Juan, MOLINA COSTA, Patricia, “Estrategias, retos y oportunidades en la rehabilitación de los polígonos de vivienda construidos en España entre 1940 y 1980”, en Ciudades 13, 2017, págs. 15-37.
11 CENTELLAS SOLER, Miguel, JORDÁ SUCH, Carmen, LANDROVE BOSSUT, Susana, coords., La vivienda moderna: registro Docomomo ibérico, 1925-1965, Fundación Caja de Arquitectos/Fundación Docomomon Ibérico, Barcelona, 2009.
12 GÓMEZ VILLA, José Luis, GARCÍA DE CASASOLA, Marta, DEL ESPINO HIDALGO, Blanca, coords., Re-HABITAR El Carmen. Un proyecto sobre patrimonio contemporáneo, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, Sevilla, 2019.
13 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Francisco Javier, LASSO DE LA VEGA, Miguel, MORCILLO ÁLVAREZ, Daniel, “La rehabilitación de la Ciudad de los Ángeles de Secundino Zuazo y la gestión vecinal en la recuperación del patrimonio”, en Revista PH 104, Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, 2021, págs. 198-213.
14 GARCÍA BRAÑA, Celestino, LANDROVE BOSSUT, Susana, GARCÍA DE CASASOLA GÓMEZ, Marta, CASTELLANO BRAVO, Beatriz, DEL ESPINO HIDALGO, Blanca, GONZÁLEZ ARQUES, Soledad, “Estudio sobre estrategias de intervención en edificación residencial existente al objeto de lograr el mayor grado de adecuación efectiva al Código Técnico de la Edificación”, en RAM Docomomo Ibérico 2, 2025, Separata 1.
15 El estudio contó con la participación del Instituto Eduardo Torroja de Ciencias de la Construcción del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, la Fundación Docomomo Ibérico, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y la Universidad de Valladolid. Se estudiaron, como casos de estudio, el Conjunto Residencial Virgen del Carmen de Sevilla, la Unidad Vecinal para la Cooperativa Pío XII de Segovia y la Unidad Vecinal n. 3 de A Coruña.