Edifícios de Eduardo Torroja Miret
Madrid, 1899-1961
Eduardo Torroja Miret nació en el seno de una familia marcada por las vocaciones técnicas y científicas. Era hijo del matemático tarraconense afincado en Madrid Eduardo Torroja Caballé, catedrático de Geometría en Valencia y Madrid y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En 1917, ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid y, gracias a su brillante expediente académico, al finalizar sus estudios en 1923 comenzó a colaborar en la empresa de uno de sus profesores: la Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles de José Eugenio Ribera.
En 1927 estableció su propio despacho en Madrid junto al también ingeniero Manuel Sánchez Arcas. Su actividad profesional no se limitó a la ingeniería, pues estuvo marcada igualmente por el conocimiento y la defensa de la arquitectura moderna que surgía en torno a los primeros CIAM y a la obra de Le Corbusier. Esta versatilidad les permitió abordar indistintamente obras de ingeniería ─como viaductos─ y edificios públicos o privados de diversas tipologías.
Uno de sus primeros trabajos conjuntos, la Central Térmica de la Ciudad Universitaria de Madrid, obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en 1932. Al año siguiente proyectaron el Mercado de Abastos de Algeciras, cuya imponente cubierta de hormigón ─de un diámetro equivalente al de la cúpula del Panteón de Roma y sostenida en tan solo ocho puntos de apoyo─ constituyó una auténtica proeza estructural. Este logro, junto a otros como el desaparecido Frontón Recoletos de Madrid, abrió el camino a proyectos cada vez más experimentales que cimentaron una trayectoria internacionalmente reconocida y situaron a Torroja como una de las máximas autoridades mundiales en estructuras de hormigón.
Entre sus realizaciones más destacadas de este período figura la cubierta del Hipódromo de la Zarzuela, con un vuelo de 12,80 metros y un espesor mínimo de apenas 5 centímetros en los bordes. El proyecto fue concebido junto a los jóvenes arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, que fueron represaliados tras la Guerra Civil; por ello, la culminación de la obra quedó en manos de Torroja.
Tras la contienda fue nombrado profesor en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, donde impartió materias relacionadas con el cálculo estructural y la resistencia de materiales. Asumió además la dirección del Laboratorio Central de Ensayo de Materiales de Construcción, creado en 1898 y adscrito a la Escuela, que modernizó y amplió con nuevos edificios proyectados por él mismo.
En esta etapa, su profundo conocimiento de las estructuras de hormigón le llevó a compaginar la labor proyectual con una intensa actividad investigadora y científica. Ocupó cargos relevantes en organismos nacionales e internacionales que, en el contexto de la posguerra europea, se consolidaban como piezas clave en los procesos de reconstrucción. Entre ellos destacan la Asociación Internacional del Hormigón Pretensado, la Réunion Internationale des Laboratoires d’Essais de Matériaux y, de manera especial, el Comité Européen du Béton, en cuya creación participó activamente. Su influencia en estas instituciones terminó por consagrarlo como una eminencia y referente mundial en la materia.
La necesidad de contar con medios experimentales avanzados le impulsó a promover una estructura empresarial que facilitara el desarrollo de ensayos en laboratorios especializados, con recursos adecuados para la experimentación a escala y la medición rigurosa del comportamiento de los modelos. Con este objetivo fundó, junto a otros ingenieros y arquitectos, la empresa ICON (Investigación de la Construcción SA), germen del futuro Instituto Técnico de la Construcción y la Edificación, del que fue primer secretario bajo la dirección de Modesto López Otero.
La última etapa de su vida transcurrió en plena actividad científica en el Instituto Técnico de la Construcción y el Cemento ─evolución del mencionado Instituto Técnico de la Construcción y la Edificación, ya como centro adscrito al CSIC─, que en homenaje al ingeniero adoptaría el nombre de Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja. Su legado incluye numerosos textos docentes y académicos que constituyen la base de las modernas normativas para las estructuras de hormigón armado y pretensado. En 1944, ingresó en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, institución a la que también habían pertenecido su padre y sus hermanos.
Por su relevancia científica recibió los más altos reconocimientos civiles, entre ellos la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil y varios doctorados honoris causa concedidos por universidades de todo el mundo. Tras su fallecimiento le fue otorgado, a título póstumo, el marquesado de Torroja.
Biografía a cargo de Roger Subirà
Bibliografía
