Resumo
La exposición Architecture Without Architects (AWA) fue inaugurada en 1964 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Con ella, su comisario y diseñador, el arquitecto Bernard Rudofsky (1905-1988), trató de transmitir una nueva manera de abordar la arquitectura que se alejaba de las modas impuestas por la modernidad para centrarse en los orígenes e introducirse en las arquitecturas sin pedigrí, relacionadas con lo vernáculo, lo anónimo, lo espontáneo o lo rural. Consciente de la polémica que la exposición suscitaría, Rudofsky la presentó como una comparación entre la serenidad de los llamados países menos desarrollados y la plaga arquitectónica de los países industriales, queriendo destacar el pragmatismo de los constructores anónimos a la hora de resolver los problemas prácticos. El argumento de la exposición aunque aparentemente inconexo con la institución moderna estaba, sin embargo, directamente relacionado con lo moderno pues, tal y como expresó su comisario, la arquitectura sin pedigrí, sus constructores anónimos y sus modos de vivir eran la mayor fuente de inspiración para el hombre industrial.
La subversión de AWA, con un evidente carácter crítico, también se debió a la materialización del discurso: a través del uso exclusivo de la fotografía y mediante un amplio trabajo de postproducción (la selección reutilizaba veinte cuatro imágenes del propio Rudofsky y ciento cincuenta y seis de otros autores que mostraban rincones remotos de los cinco continentes), se convirtió en la primera exposición del departamento de arquitectura del MoMA que descartaba el material tradicionalmente expuesto en las muestras de arquitectura a base de dibujos, planos y maquetas. La edición de estas ciento ochenta fotografías se organizó en treinta y ocho apartados temáticos que creaban una estructura dialéctica abierta la cual no definía una taxonomía estricta; de hecho tenían el carácter de una colección inacabada que podía ser leída de diferentes formas en clara relación con el Atlas Mnemosyne de Warburg.
Además, el diseño expositivo desarrollado por Rudofsky también planteaba una solución innovadora que, frente a los modelos tradicionales (caracterizados por tener los materiales gráficos colgados en las paredes perimetrales y el centro de la sala destinada a la exhibición de maquetas y prototipos) se oponía al concepto galerístico de cubo blanco y contraponía al misticismo del vacío la laberíntica espacialidad de lo boscoso. Una superposición de elementos verticales era soporte para los paneles de imágenes. Esta estrategia conducía al espectador hacia un espacio dominado por la transversalidad que huía de la monotonía de circular de sala en sala y favorecía el cruce de información entre ámbitos diversos a lo largo del recorrido de la exposición.
El análisis de la exposición Architecture Without Architects, interpretada como metáfora de la complejidad del mundo real construida a través de una estrategia curatorial integral que incluía un diseño espacial, permite considerarla un hito en el campo de la comunicación arquitectónica dentro del ámbito expositivo.
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