Memoria
El entorno paisajístico de La Manga Club constituye un ejemplo de cómo las zonas verdes, entendidas como grandes vacíos en el tejido urbano, sirven de herramienta para articular la arquitectura moderna en lo que fue un enclave turístico mediterráneo a principios de la década de 1970, así como establecer un diálogo coherente con el paisaje natural circundante. Emplazado en un valle delimitado por las sierras de Atamaría y de la Muela, el proyecto implantó un sistema de paisaje antrópico de gran escala ─el propio campo de golf─ como matriz biofísica y elemento estructurante del territorio, otorgando una nueva lectura a los modelos tradicionales de ocupación lineal de la costa del sureste peninsular. El carácter original de la red de parques del complejo radica en el contraste dialéctico entre el tapiz verde del campo de golf y la matriz semiárida del entorno del Campo de Cartagena, dominada por una topografía sinuosa cubierta por matorral xerófilo. Las instalaciones deportivas se camuflan en la topografía de la colina, adaptándose rigurosamente a las curvas de nivel e integrando las vaguadas y los cauces de las ramblas preexistentes como elementos de diseño hidráulico y drenaje natural, evidenciando una notable sensibilidad geomorfológica. La paleta vegetal introducida (Phoenix dactylifera, Phoenix canariensis y Pinus halepensis) actúa al tiempo como filtro bioclimático y pantalla visual, delimitando las vías de tráfico rodado y resolviendo gradualmente las transiciones hacia las zonas residenciales.
Sin embargo, este gran parque ha experimentado una alteración sustancial en su integridad formal, debido a un proceso de densificación inmobiliaria no previsto en la concepción del proyecto inicial. Se proyectó ─al igual que la totalidad del Plan Director de La Manga─, pensando en un modelo de ocupación de baja densidad en régimen de alquiler vacacional, de manera que se garantizaba la primacía e inalterabilidad del paisaje natural, donde los vacíos no edificados poseían una escala y extensión significativamente mayores. La posterior colmatación de las laderas mediante tipologías residenciales compactas ha reducido la dimensión de estos vacíos y ha alterado las visuales hacia el Mar Menor y hacia el Mar Mediterráneo.
María José Climent Mondéjar
Vegetación
La vegetación de La Manga Club es una mezcla equilibrada entre el ecosistema mediterráneo autóctono y una cuidada selección ornamental adaptada al clima de la Costa Cálida.
Vegetación Autóctona y Silvestre: el pino carrasco (Pinus halepensis) es el árbol dominante, especialmente en el Campo Oeste, que atraviesa una densa arboleda que le da un carácter boscoso; matorral mediterráneo como lentisco, jara, palmito y esparto; flora propia de la zona como albaida y tomillo.
Vegetación Ornamental y Paisajismo: palmeras, césped técnico, olivos, adelfas, buganvillas y diversos cactus y suculentas. En las zonas de lagos (especialmente en el Campo Sur), la vegetación se vuelve más higrófila, con presencia de carrizos.
Uso original: Uso espacio exteriorPlaneamiento
Reportaje fotográfico:
Categoría: Nivel A
Registro: Jardines y espacios exteriores
Bibliografía:
- ANÍBARRO RODRÍGUEZ, Miguel Ángel, SANZ HERNANDO, Alberto, “Leandro Silva Delgado”, en Colección Textos Dispersos 5, 2015, págs. 118-127.
- HERES, Alicia, “Leandro Silva Delgado, paisajista”, en Cuadernos de Arquitectura del Paisaje 5, 2006, págs. 12-21.
- AA VV, El Romeral de San Marcos: un jardín de Leandro Silva, Caja Segovia, Segovia, 2002.
- AÑÓN FELIÚ, Carmen, Jardines artísticos de España, Espasa-Calpe, Madrid, 1995.
- AA VV, Leandro Silva Delgado. Exposición retrospectiva, Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, 1987.
