Las aportaciones del Movimiento Moderno en nuestro país fueron calando poco a poco hasta llegar a ciudades de provincias con no demasiadas dificultades en las décadas de los 50 y 60. No obstante, la apuesta por esta corriente arquitectónica se dio principalmente en estos contextos de la mano de la promoción oficial. De este modo se empezaron a implantar en ciertos paisajes urbanos en plena expansión sus novedosas soluciones formales, sus solventes propuestas constructivas y, con ellas, los nuevos modos de comprender y vivir la arquitectura. Y desde entonces fueron la –discreta- atalaya de una nueva arquitectura, a pesar de que para el vulgo sus aportaciones pasaran casi complentamente desapercibidas. Sin embargo, quizá debido a estas razones y a su proximidad temporal a nosotros, entre otros motivos, buen número de estas arquitecturas corren serio peligro de pervivencia tal como fueron concebidas, construidas y habitadas. Efectivamente el momento presente está trayendo consigo ciertos visos de peligro en cuanto a la puesta al día de estas arquitecturas, experimentando algunas de ellas intervenciones contemporáneas ya absolutamente irreversibles. Es el caso del Instututo María de Molina de Zamora. Desde luego la falta de una adecuada valoración de estas arquitecturas, la carencia de criterios de intervención sobre ellas y unos deficientes mecanismos de protección patrimonial y divulgación de sus valores están arruinando para siempre algunos de estos edificios más señeros. Nos proponemos con este trabajo analizar los valores arquitectónicos originales de esta arquitectura escolar, quizá una de las realizaciones más interesantes de esta corriente arquitectónica en Castilla y León. Y con ello dejar constancia, y asimismo dar la voz de alarma, de sus valores hasta que fueron radicalmente alterados debido a la instalación de un SATE en 2023. Conclusión inapelable tras el estudio del proyecto arquitectónico y la lectura histórica de su génesis y evolución.