El papel de las asociaciones, sindicatos y colegios profesionales de arquitectos en la cultura arquitectónica catalana 1874-1977

Autor: Enrique Granell
Fecha: 2016
Director: Antoni Ramon Graells
Universidad: Universitat Politècnica de Catalunya
Escuela o Facultad: ETSA Barcelona
Departamento: Departament de Teoria i Història de l'Arquitectura i Tècniques de la Comunicació
Fuente: UPC commons

Resumen

Más allá de su reconocido papel en el ámbito de la regulación del trabajo profesional, las corporaciones de arquitectos en Cataluña han desempeñado un papel imprescindible en el desarrollo de la cultura arquitectónica desde la constitución en 1874 de la primera de ellas, la Asociación de Arquitectos de Cataluña. La segunda de las sociedades consideradas, el Colegio de arquitectos de Barcelona, fue creada por ley en julio de 1930. La Asociación no quiso disolverse en el Colegio, inaugurando con ello una época de coexistencia de ambas entidades que se dilató hasta la creación del Sindicat d’Arquitectes de Catalunya en los primeros días de la Guerra Civil, que fusionó a ambas entidades. Concluida la contienda las autoridades franquistas en 1939 reconocieron solamente los Colegios profesionales. El carácter de estas instituciones fue muy diverso. Las Asociaciones fueron de afiliación voluntaria, mientras que Sindicatos y Colegios fueron de obligada colegiación. Esto imprimió a sus actuaciones características diferentes. Las primeras tuvieron unos recursos limitados a las cuotas de sus socios, las últimas cobraban un porcentaje de los honorarios del global de los colegiados. En las épocas del desarrollismo salvaje de los años sesenta muchos de los colegios españoles nadaron en la abundancia y gran parte de esos recursos se dedicaron a su actividad cultural: visitas, viajes, conferencias, congresos, publicaciones y sedes para la organización. En este último aspecto la construcción de las sedes sociales de la institución, cuyo proceso se dilató entre 1956 y 1993, constituyó un núcleo de discusión teórica importante. En sus diferentes períodos estas instituciones promovieron publicaciones, revistas o monografías sin dejar de lado banquetes y excursiones científicas. Además organizaron junto a otras sociedades españolas celebraciones importantes como los Congresos Nacionales de Arquitectos, o los imprescindibles Salones de Arquitectura. Estas actividades tuvieron un doble ámbito. Por un lado promovían la cohesión interior de sus asociados, por otro escenificaban su actividad frente a la sociedad. Esta intervención se prolongó incluso en el ámbito político. En los difíciles años 60 y 70 la institución impulsó un verdadero museo de arte contemporáneo, que ninguna institución oficial del momento quería poner en marcha. Si repasamos los nombres y la cronología de sus revistas comprobaremos que constituyen la casi totalidad de las publicadas en Cataluña. Revista de la Asociación de Arquitectos de Cataluña 1893-1895, Anuario de la Asociación de Arquitectos de Cataluña 1899-1930, La Ciutat & la Casa 1925-1928, Gaseta de les arts 1928-1930, Arquitectura i Urbanisme 1931-1937 y Cuadernos de Arquitectura 1944-1979. Las Historias de la Arquitectura giran habitualmente sobre los grandes nombres y sus obras. Pero no hay figuras sin paisaje. Unas y otro interaccionan siempre sobre panoramas más complejos, que solamente la distancia o el desinterés relegan al olvido. Los verdaderamente grandes de la arquitectura catalana no han participado casi nunca directamente en las actividades del Colegio. Aunque éste sí se ha ocupado y divulgado la obra de los grandes. Este ir y venir entre unos pocos –con nombre y apellidos- y unos muchos –que han prescindido de ellos a favor de la institución a la que servían o representaban- es lo que ha tejido el mundo cultural al que nos referiremos transitando caminos diversos y no rectilíneos. Han intervenido en él centenares de protagonistas entre Presidentes, Decanos, Juntas, Vocales y asociados de base. Esta tesis doctoral, que cubre un arco temporal largo que va de 1874 –año de fundación de la Asociación- a 1979 –año de la proclamación de la actual constitución-, ha querido ser un árbol que proyecte la sombra más completa posible de la arquitectura catalana, un árbol cuyo tronco argumental es la actividad cultural de las asociaciones profesionales pero cuyas ramas son innumerables

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