HICA - Salamonde

Hidroeléctrica do Cávado (HICA) – Salamonde

Hidrorumo, Projectos de Engenharia, Lda, Januário Godinho

1950 - 1953

Vieira do Minho (Salamonde), Portugal, Portugal

Imágenes:

Denominación actual:

Autoria: Hidrorumo, Projectos de Engenharia, Lda Januário Godinho

Fechas 1950 1953

Colaboradores y detalle autoría:

Localización: Portugal Portugal

Dirección: Salamonde - , Vieira do Minho (Salamonde) (Portugal) Portugal

Memoria

En 1945, la HICA –Hidroeléctrica do Cávado– inicia un proceso de aprovechamiento hidroeléctrico del río Cávado y de su afluente el Rabagão, dentro del marco de la política de electrificación del país iniciada en la postguerra. Januário Godinho se convertirá en el responsable de la arquitectura de todo el conjunto, en estrecha colaboración con los servicios técnicos de la HICA, e inaugurará un nuevo ciclo de colaboración entre ámbitos disciplinares complementarios, siguiendo el ejemplo de articulación de la unidad que el Movimiento Moderno buscaba entre el binomio arte-técnica.

El programa y el entorno natural en el que se ubica el conjunto construido constituyó un desafío singular para el autor. Si en los edificios de carácter técnico supo renovar con éxito la objetividad de las construcciones eminentemente industriales, en las instalaciones de carácter social, soporte para la vida y el bienestar de los trabajadores de estos nuevos asentamientos territoriales, fue también capaz de manifestar una preocupación constante por el medio natural, al mismo tiempo que intentó construir entornos conscientemente contemporáneos, desarrollando un proceso crítico regionalista pionero, precursor de un modo de trabajo que sería retomado por la generación de arquitectos nacidos en los años treinta que iniciará, a mediados de los cincuenta, la crítica al Estilo Internacional.

La construcción de la primera zona de aprovechamiento en Venda Nova se inicia ya en 1946 con una presa de arco de gravedad, con una distancia entre los apoyos laterales de 230 metros y 96 metros de profundidad máxima. La central (Vila Nova) es un edificio porticado de eminente apariencia industrial, ubicado en la margen del río Cávado, en la que la crudeza de sus elementos prefabricados de hormigón armado se suaviza por la presencia de grandes paños de vidrio. Aprovechando el fuerte declive de la margen del río, la subestación se asienta sobre la cubierta, donde se encuentran instalados los transformadores y la instalación de salida de las líneas, confiriendo al paisaje una insólita atmósfera mágica. De las construcciones sociales auxiliares, además del barrio residencial, la posada (1949), construida para los técnicos, articula un programa que revela, todavía, una rígida estratificación social. Teniendo en cuenta la topografía y las líneas con visibilidad directa, se proyecta su ubicación en una larga curva según cuatro planos que se adaptan orgánicamente a la forma del terreno, avanzando y retrocediendo, alternando paños de vidrio con paredes de granito con textura o de ladrillo lisas. Los materiales naturales confieren fuerza a esta simbiosis que se afirma, de manera paradójica, a través de un diseño vigorosamente moderno, que se pone de manifiesto en la disposición de los huecos, los pilotis, el equilibrio de la marquesina de entrada o el diseño vernáculo de las protecciones de madera.

En la segunda zona de aprovechamiento, Salamonde, la central se convierte en subterránea, con una subestación exterior. En lo que se refiere a la arquitectura es, sobre todo, en los equipamientos sociales donde surgen las innovaciones más importantes: bien sea en el barrio residencial, ubicado en un pinar y que aprovecha ese entorno natural, con casas-célula colectivas prefabricadas; bien sea en la posada que supone una opción más afirmativa respecto a la naturaleza. La ubicación se realiza sobre el terreno casi en suspensión, recordando a los hórreos de la zona del Miño. Se trata de un bloque alargado rectangular situado en lo alto de la presa, con una ancha baranda suspendida. El volumen alargado de la fachada se desarrolla de manera orgánica y está sujeto a una ligera inflexión a partir del punto central marcado por la presencia de un gran árbol, el centro del árbol de expansión, creando un plaza de abrigo, un promontorio sobre la presa que se encuentra debajo. El mismo sentimiento de calurosa acogida se prolonga en el interior, en el que zonas con un grado de intimidad diferente se hallan unidas mediante espacios de transición, con el fin de crear unidad entre la construcción y el paisaje.

En la tercera zona de aprovechamiento, Caniçada, la central subterránea se une al edificio de control y descarga mediante una estructura en L que lo conecta con la subestación. Es patente el esmerado empeño técnico-constructivo que se pone de manifiesto en el vocabulario y la aplicación de los distintos materiales: en el hormigón de la estructura, en los paños texturizados de ladrillo y en la modulación de la malla acristalada. Conceptos que madurarán más tarde en el edificio de control del Alto do Rabagão –cuarto y última zona de aprovechamiento– con su monumental entrada, pero, sobre todo, en la impresionante sala de máquinas de la central subterránea, objeto de una cuidadosa disposición arquitectónica con la expresiva iluminación artificial que se filtra a través de una red de panales hexagonales, y de un tratamiento gráfico muy al gusto de los años cincuenta en las restantes superficies: pavimento y paredes. La nave adquiere un ambiente de artificialidad fascinante en su elogio de la técnica y de la máquina. Por el contrario, en las instalaciones sociales y en el restaurante de Caniçada, se subraya, llevándolo al extremo, el componente natural mediante la exploración del entorno existente: la construcción se convierte en un elemento integrado en el entorno natural, ubicándose sobre una magnífico afloramiento de granito y adaptándose en cada momento a las plataformas que lo componen. El principio de continuidad respecto al medio natural genera un espacio interno rico en tensiones y relaciones visuales y sensitivas muy intensas. Finalmente, la Pousada de Pisões representa la culminación de este proceso que tiende a fundir lo regional y lo moderno, lo nacional y lo internacional. Del conjunto de posadas ésta es, claramente, la más asertiva: una respuesta a la aridez del paisaje y a la escala del programa. Situada en lo alto de un amplio cerro, se extiende de manera tentacular como si quisiese absorber la inmensidad del paisaje. Del cuerpo alargado que alberga las habitaciones, curvado en la zona de acceso, se separa un brazo que corresponde al espacio de transición que lo une con el comedor acristalado, de planta central hexagonal, que se abre caleidoscópicamente a la naturaleza. El rigor del diseño, el sentido de su ubicación y los accesos, la creación de ambientes de gran interés, la elección de los materiales, las inflexiones del espacio, el juego de las diversas plataformas con las distintas gradaciones de la luz, las relaciones de los vanos con el paisaje, se unen para conferir fuerza a esta obra inesperada.

Sin perder las raíces culturales del Portugal artesano, pero siendo, también, capaz de responder a los desafíos de la más alta tecnología dentro de este paisaje inspirador, este ciclo de obras desarrolladas a lo largo de cerca de diez años, da testimonio, al fin y al cabo, de los valores de progreso que durante la postguerra representaba en Portugal la electrificación; pero, también, pone de manifiesto en sus programas sociales, la posibilidad real de una continuidad histórica que se manifiesta en la aproximación a las necesidades reales, a la economía de medios y a la funcionalidad, constantes de un conocimiento secular.
Ana Tostões

Uso original: Uso industrialCentral

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